
Manolo García actúa mañana por la noche, a las 21.30 horas, en el Teatre Principal de Maó en un concierto de la gira en la que presenta su último disco “Saldremos a la lluvia“. El cantante y compositor catalán, que se hizo famoso con “El Último de la Fila“, emprendió su carrera en solitario en 1998 y desde entonces no ha hecho más que cosechar grandes éxitos. Canciones como “Pájaros de barro“, “A San Fernando, un ratito a pie y otro andando” o “Rosas de Alejandría” se unen a éxitos anteriores como fueron “Como un burro amarrado en la puerta del baile” o “Mar antiguo”. El cantante reconoce una debilidad por Menorca en la que tiene grandes amigos y pidió expresamente poder cantar en la Isla a la que se siente muy vinculado.
Justo en el día en que se cumple un año de la salida a la calle de su último disco da un concierto en Maó. ¿Cantar en un teatro como el Principal supone hacer un concierto diferente?
La verdad es que el concierto en un teatro sale ganando por la parte musical. En un sitio más grande prima el desenfreno, la energía que se transmite al público, mientras que en un espacio reducido se perciben mucho mejor los matices. La semana pasada estuve en Ávila en un teatro similar al de Maó y en esta gira voy alternando diferentes tipos de espacios.
¿Le atraen de alguna manera especial las islas? Cinco canciones de “Saldremos a la lluvia” han sido ultimadas en Creta.
Las islas tienen algo de recogimiento que se pierde en el continente donde las distancias pueden ser infinitas. Conozco un poco Menorca y creo que tiene unas medidas estupendas para ser feliz. En las islas es más fácil encontrar paz, calma, tu rincón interior, y aun así los modelos en los que nos encontramos inmersos son más que cuestionables y las islas tampoco se escapan. En cualquier caso me apetecía volver a Menorca, hacía mucho tiempo que no actuaba aquí.
¿Qué fue a buscar a Creta musicalmente?
Bueno, un poco la aventura de cada día, soy una persona que no soporto nada bien la rutina de las ciudades y me gusta viajar, conocer otras historias, otras gentes. En Creta he conocido músicos excelentes que viven alejados de los circuitos de la industria y de los que he aprendido mucho y me han ayudado con algunas canciones incorporando otros instrumentos como el laúd o la cítara.
“No estés triste”, el primer single del disco, ¿Es de alguna manera el mensaje que quiere transmitir con sus canciones, un mensaje optimista pero sin grandes despropósitos?
Sí, sencillamente es esto, hoy estamos muy mareados siempre con malas noticias, desgracias que se magnifican y adquieren un poder mediático monstruoso. Cada uno sufre en su vida de momentos duros, pero tiene que haber ánimo, hay que dar un mensaje de esperanza, hay que sacar el cuello y tirar adelante.
También el ecologismo se abandera en su último trabajo. ¿La música es un buen canal para concienciar sobre esta problemática?
Decía alguien que la música no iba a cambiar el mundo pero sí lo haría mejor, un poco más habitable diría yo. De alguna manera el músico se dirige a la afición en un ágora o plaza pública y lanza, como en la antigua Grecia, su discurso y uno tiene que ser honesto y hablar en consecuencia de lo que realmente siente, y yo dentro de mis pretensiones poéticas y líricas no hago rock and roll sólo para dar saltos, sino que con mi música pretendo también lanzar un mensaje a favor del medio ambiente.
Es conocida su afición por la pintura, de hecho la primera exposición que hizo fue en Menorca en 1992 en la sede del GOB. ¿Cantar y pintar es para usted una misma forma de expresión?
La pintura es para mí una forma de desapego, una forma de salir de la órbita y de volar, todos necesitamos salir de vez en cuando, yo me tomo la pintura como una forma de descanso y no pretendo nada más con ello. Me viene de pequeño, me doy cuenta ahora que cuando mis compañeros de clase jugaban al fútbol yo me sentaba y pintaba en un papel monigotes, se me daba bien, allí empiezas y algunos lo dejan y otros seguimos aunque tengamos novia. Un trozo de papel y unas acuarelas, o una guitarra, son suficientes para flotar. Para mí el cine, la música, la pintura o la literatura son territorios de entrega, de bonanza que estimulan los sentidos, no sólo los sentidos que creemos que tenemos sino otros que desconocemos.
Manolo García no canta en catalán, no obstante ha hecho cantar a medio mundo aquello de “que sóc de Barcelona i em moro de calor”.
Lo tengo bastante claro, soy castellanoparlante porque mis padres, como muchas otras personas, llegaron a Barcelona en los años cincuenta provenientes del sur buscando trabajo, como lo que pasa ahora. Yo de pequeño vivía en un “gueto” podría decir, yo no tenía noción de ser diferente, en mi barrio todos eran castellanos y no fue hasta los doce o trece años que me di cuenta de la realidad.
Por todo ello yo me expreso en castellano y escribo las letras de mis canciones en castellano. Sí que evidentemente me siento catalán y lo hablo aunque no con la facilidad que me gustaría, mi acento no es muy bueno. He cantado en catalán cuando he tenido la oportunidad con otros cantantes como Alberto Aragonés o con Quimi Portet, canto en catalán con toda mi voluntad y con mucho cariño.






