
Ciutadella, 11 horas. El autobús turístico parte de la estación de la Plaça des Pins casi repleto. Se podría asegurar incluso que con más pasajeros que cualquier día de agosto. Ello se debe a que, a su manera, el mes de noviembre se puede considerar como temporada alta dentro de los programas vacacionales para la tercera edad, que comenzaron a ofertarse hace quince días. De media, cada día se están registrando 200 nuevas entradas en los hoteles de la Isla de Menorca por parte de los participantes del IMSERSO, una cifra que en ocasiones durante esta época del año alcanza las 500 llegadas diarias.
Y es que en noviembre, con un poco de suerte el buen tiempo acompaña, tal y como sucedió ayer, y eso ayuda a que el destino sea mejor valorado. Cuando se le pregunta a José Boladera, un jubilado de Igualada (Cataluña), cuál es su opinión sobre la estancia en la Isla, éste responde que “perfecta; pero perfecta con todas las letras”, puntualiza. Boladera, que cuenta con bastante experiencia en los viajes de Mundo Senior, señala que se está llevando mejor impresión de Menorca que de sus visitas a Mallorca y Eivissa. “La experiencia aquí está siendo estupenda; ni siquiera pagando las tarifas normales hemos estado mejor”, asevera.
Excursiones
Mediodía, Puerto de Maó. Un grupo de visitantes hospedados en la zona de Ciutadella pasan el día en la otra punta de la Isla y aprovechan la ocasión para hacer un recorrido por el puerto en catamarán. Generalmente se suelen organizar excursiones de medio día, en las que no faltan paradas por destinos como La Mola, Binibèquer y alguna que otra playa emblemática.
Y es que en temporada baja, lo que prima es la actividad cultural, señalan desde la agencia que organiza la excursiones. La pega, según muchos usuarios, es que éstas no estén incluidas en el precio total, como sí sucede en otros destinos con los denominados viajes culturales, tal y como señala, Aurelia Caballero, de 72 años, quien cuenta con un largo historial de viajes a sus espaldas. Según explica, el viaje de ocho días a la Isla cuesta 187 euros, mientras que por tres actividades extra tiene que abonar otros 145 euros. Puestos a poner alguna que otra pega más, Caballero añade que la comida del menú “está regulín… Muy buena, pero poco surtido… Será por la crisis”. Su hermana, Genoveva, con la que acostumbra a realizar al menos dos viajes de este tipo al año, añade que el destino “es muy bonito” y las actividades ofrecidas “estupendas.”
13 horas, Cala en Blanes. Un grupo recién llegado desde Barcelona espera a las puertas del Hotel Almirante Farragut a que les recoja un autobús. Destino, Fornells; objetivo, “degustar la tan afamada caldereta de langosta”, explica Manuel Isla, un gallego que viaja por quinto año con el programa y puede hacer alguna que otra comparación con otros destinos. En ese sentido, a Isla le llama la atención el hecho de que al contrario de lo que sucede en Canarias, Mallorca o Eivissa, en Menorca hay pocos establecimientos de ocio y centros comerciales abiertos para los visitantes en esta época del año. Por su parte, Boladera añade que lo que estaría bien es que “nos ofrecieran la posibilidad de disfrutar de actividades deportivas”.
Con menos experiencia en el tema cuenta Juliana Lahiguera, de “sesenta y pocos años”, quien apunta con ironía que ya hace mucho que conoce Menorca, “pero de verla en el mapa”. Y es que según comentan algunos de sus compañeros, el programa del IMSERSO es estupendo para poder conocer un poco de mundo y a buen precio.
En el caso de Isabel Martín, de 77 años y residente en Barcelona, viajar casi siempre implica llevarse alguna que otra sorpresa, y con Menorca han sido muchas. “Pensaba que iba a ser más pequeña, menos verde, con menos gente, menos casas, en fin, menos de todo… Aunque eso sí, la gente es muy amable.”