
Admirable y sobresaliente. Son los dos adjetivos calificativos que encajan a la perfección en el currículum del menorquín Francisco Javier Pérez Villalonga. A sus 42 años, este joven mahonés, casado y con dos hijos, es capitán de corbeta, doctor por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales con una calificación Cum Laude por su tesis sobre modelos matemáticos, master en Investigación Operativa por la Naval Postgraduate School de Monterey (California), habitual tripulante del “Aifos”, el barco de la Armada Española en el que navega el Príncipe Felipe, y actualmente trabaja en Madrid, en la oficina que coordina el ensamblaje del buque “Juan Carlos I” que construye Navantia en su factoría de Ferrol, el buque de guerra más grande construido en España y todo un reto tecnológico para la ingeniería naval española.
A pesar de todo lo logrado y vivido hasta la fecha, confiesa que sigue prefiriendo bañarse en Alcaufar. Echa de menos el mar de Menorca, navegar en sus aguas, a su familia y la comida casera; los caracoles y el “oliaigo amb figues”. Este mahonés en el exilio voluntario también añora las distancias cortas de la Isla que, según relata, le permitían ver a los amigos en cuestión de minutos, “aunque cuando llevas un tiempo en Menorca, Ciutadella te parece un lugar lejano”, dice entre risas. Las calles de su infancia, las aguas del puerto de Maó en las que navegó siendo niño y los locales de ocio de su juventud se han convertido con el paso de los años en un lugar de veraneo donde ahora comparte su tiempo libre con su mujer Geles y sus hijos Víctor y Blanca. Pero aún recuerda con agrado sus estudios en Sa Graduada, de hecho asevera que cada cuatro o cinco años celebra una comida de hermandad con sus antiguos compañeros. “La vida nos ha ido separando. Menorca no tenía universidad y había que salir fuera para estudiar, pero aún seguimos viéndonos”, comenta orgulloso.
Buque escuela
Después de aprobar las oposiciones, Francisco Javier ingresó en 1987 en la Escuela Naval Militar y en 1992, tras recibir los despechos, embarcó en la corberta “Descubierta” en Cartagena. Un par de año antes, en 1990, siendo aún guardiamarina, estuvo más de seis meses embarcado en el buque escuela de la Armada “Juan Sebastián Elcano” navegando por aguas del Caribe. “Hacíamos travesías de casi 20 días, y cuando llegábamos a puerto teníamos una facilidad asombrosa para salir con gente de la zona”, explica con agrado aquella etapa de su vida. Su viejo deseo de estudiar ingeniería se cumplió unos años más tarde en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de la Universidad Politécnica de Madrid. “Era uno de los alumnos más veteranos”, apunta también entre risas. Luego se trasladó al Ferrol, donde trabajó en el mantenimiento de las fragatas tipo “Baleares” y “Asturias”. “Era complicado porque eran antiguas, pero ahora tenemos un par de series muy avanzadas como las F100 que disponen de un sistema de radares muy avanzados que sólo tienen los Estados Unidos y nosotros. Incluso ahora exportamos barcos de este tipo a Noruega”, señala. Después llegó el momento de ascender a capitán de corbeta y la oportunidad de mejorar profesionalmente. En 2003 fue destinado a Estados Unidos, donde realizó un master en Investigación Operativa por la Naval Postgraduate School de Monterey. “La materia era dura y más en inglés, pero fue bien. Además, esta zona del país es bilingüe, se habla inglés y español. Recuerdo que una americana me comentó que era de Zaragoza, pensé que era broma, pero me dijo que su padre había estado destinado en la base de Zaragoza”.
Cum Laude
En 2008 obtiene el título de doctor por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales con la calificación de Cum Laude por su tesis sobre modelos matemáticos para el análisis y simulación de la evacuación de un buque de guerra. “Al parecer les gustó porque era un tema novedoso y original, normalmente se hacen análisis de este tipo para edificios, pero yo lo desarrollé para un buque de guerra”, comenta con admirable modestia.
En la actualidad está destinado en la oficina que lleva la coordinación de la construcción del buque “Juan Carlos I”, el barco de guerra más grande que se construye en España, combinación de portaeronaves y buque anfibio, y que entrará en servicio a finales de año. El navío es un coloso de 230 metros de eslora que desplazará 27.000 toneladas de carga a casi veinte nudos. Llevará una tripulación de 243 hombres y será capaz de trasladar a 1.400 militares, cerca de una treintena de aeronaves (helicópteros y aviones), hasta 46 tanques y lanchas. “España no puede permitirse muchos gastos y por eso necesita barcos polivalentes como el “Juan Carlos I”. Incluso ya hemos vendido dos a Australia”, explica no sin cierto orgullo.
Su pasión por el mar y la vela encuentran recompensa en las regatas que disputa en el “Aifos”, el buque de la Armada, donde se encarga de manejar la vela mayor o la caña cuando el príncipe Felipe no está embarcado. Los méritos deportivos cosechados en la Escuela Naval de Ferrol le permiten desde hace algunos años compartir esta pasión con el heredero de la Corona. Además, el año pasado se proclamó campeón de España de Crucero a bordo del “Pasión x Castellón” en aguas de la bahía de Cádiz. “La vela se ha profesionalizado mucho y para los que nos dedicamos a esto de forma amateur representa un gran esfuerzo, pero es lo que más me gusta”.






