Cecilio Metelo, “El Baleárico”

Casi un siglo media entre la fecha de la batalla de Zama (201 a.C) que puso fin al imperio cartaginés y la conquista de las Baleares por el cónsul Quinto Cecilio Metelo, llamado a causa de su gesta “el Baleárico”.

De este modo, en el año 123 a.C empieza la dominación romana en Menorca, coincidiendo con la conquista de las islas por parte de Cecilio Metelo con el fin de asegurar el tráfico marítimo entre la metrópoli y la Península Ibérica. Fue precisamente en ese momento cuando Mahón, llamada Portus Magonis por los romanos, alcanzó el estatus de municipio.

En esa misma línea, Menorca fue denominada entonces Minorca, por su menor tamaño en relación a la vecina isla de Mallorca. Ambas pasaron a formar parte de la provincia Tarraconense y, con la reforma del emperador Diocleciano, de la Cartaginense.

En el año 400 las Islas Baleares constituyeron una provincia propia y Jamnona (Ciudadela) se constituyó en municipio y sede del primer Obispado cristiano.

La dominación romana y sus legados

Roma traería a Menorca el sosiego y la paz tan necesarios tras los infortunios pasados, y adelantaría su agricultura con los nuevos utensilios de labranza, con la importación de ganados y con la apertura de caminos carreteras. De entre los legados más importantes de la romanización destacan el latín, que evolucionó hacia las lenguas románicas (catalán, castellano, gallego, italiano, francés) y el derecho romano, que ha sido la base de la actual legislación jurídica.

Como restos importantes de la dominación romana cabe mencionar la fortaleza construida en la cima del monte de Santa Águeda, el campamento excavado en el cabo de Cavallería, las inscripciones latinas de la denominada Cova de Jurat, en Cales Coves. De esta época datan las basílicas paleocristianas de Son Bou, Fornás de Torrelló, Cap de Fornells y de la Illa del Rei.