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Período pretalayótico

Menorca tiene una prehistoria muy reciente, sobre todo si la comparamos con otras culturas prehistóricas que han florecido en su entorno isleño y continental. Las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia, el Llenguadoc y la Provenza, Cataluña y Valencia y también las distintas regiones del Magreb habían desenvuelto civilizaciones importantes cuando las Baleares todavía restaban sin población humana. La insularidad y la falta de recursos alimenticios suponían una barrera que frenaba la ocupación.

En esta línea, aunque probablemente el territorio menorquín estuvo habitado con anterioridad, los testimonios más remotos que han llegado hasta nuestros días corresponden al inicio de la Edad de Bronce, al periodo denominado pretalayótico, que abarca, aproximadamente, desde el año 2000 al 1200 antes de Cristo.

Aparentemente pacíficos fueron los cazadores y recolectores que habitaron los poblados menorquines durante ese período. Como refugio, utilizaron desde un comienzo las cuevas naturales. Sin embargo, pronto comenzaron a aparecer pequeños poblados dispersos, generalmente formados por no más de 10 viviendas.

Mención aparte merecen las construcciones funerarias, de planta similar a la de las casas (planta alargada y rematada en uno de los extremos por un ábside semicircular o apuntado), que reciben el nombre de navetas por su forma de nave invertida. En su interior albergan una o dos cámaras superpuestas, a las que se accede por su corredor. Las más célebres son la Naveta d’es Tudons y las de Rafal Rubí.

Talaiots y Taules

Por otro lado, coincidiendo con la época de mayor esplendor de la cultura megalítica, en el año 1200 antes de Cristo se inicia el periodo talayótico.

La abundancia de yacimientos (en torno a unos trescientos) de esta etapa ha determinado que la isla haya sido catalogada como un verdadero museo al aire libre.

El Talayot es el elemento arquitectónico que da nombre a este periodo. Se trata de construcciones troncocónicas de piedra con planta circular, semicircular o cuadrada. Sólo en contadas ocasiones disponen de una cámara interior. Se localizan en pequeñas elevaciones del terreno y pudieron tener una función defensiva, o bien servir como punto de observación, almacén o vivienda.

Por su lado, la Taula es un elemento exclusivo de la cultura megalítica menorquina. Consiste en una gran losa rectangular, colocada en posición vertical, sobre la que se apoya otra transversalmente, formando una estructura semejante a una “T”. De grandes dimensiones, algunas pueden llegar a pesar alrededor de veinticinco toneladas. Suele estar rodeada de un recinto con forma de herradura y parece probado que el conjunto tenía una función sagrada, ya que en algunos de ellos han sido encontrados restos de sacrificios religiosos.